Divagaciones matutinas: Saber y no creer

Me han estado preguntando algunas personas sobre Ómicron, y sobre las declaraciones que han sido vertidas recientemente por la investigadora, Dra. Laurie Ann Ximénez Fyvie, de la Facultad de Odontología de la UNAM. En aras de evitar que crezca y prolifere un miedo injustificado en los miembros de Akasha Comunidad, es que respondo aquí. 

Antes que nada, aclaro que he intentado evitar a toda costa echar a andar un engranaje de dimes y diretes con otros investigadores; me parece que la ciencia no se merece ese trato de verdulería. 

No conozco personalmente a la Dra Ximénez Fyvie, y pese a que ella ha hecho llamados públicos a que «alguien debe de callarme» (lo cual constituye un delito al ser una incitación a la violencia, lo que le fue comunicado por escrito por parte de mi abogada), yo no le deseo mal alguno, y respetaré siempre su derecho de expresarse. 

Eso sí, hace un par de meses le invité oficialmente a un diálogo abierto que fuera televizado en vivo por parte de mi universidad, pero no he recibido respuesta alguna al día de hoy. 

Eso es lamentable, dado que podríamos dialogar y contrastar como personas educadas que estoy segura que somos. Ambas tenemos formaciones distintas en las ciencias biológicas; ella es dentista con formación doctoral en Ciencias Médicas – especialización en Microbiología-  por la Universidad de Harvard, y con una trayectoria académica en el estudio de la placa bacteriana dental: https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/?term=Ximenez-Fyvie, y yo soy Médica Veterinaria Zootecnista con Maestría en Ciencias – especialización en Ecología de Enfermedades Infecciosas – por el CICESE y Doctorado – especialización en Inmunogenética – por la Universidad de Cambridge y Postdoctorado en Epidemiología por el Instituto de Zoología de Londres, con una trayectoria académica en el estudio de plasticidad inmune, inmunogenética, epidemiología de poblaciones naturales, Inmunoecología y Fisiología de la Conservación: https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/?term=Acevedo-Whitehouse, y me desempeño desde hace 12 años como profesora titular de Virología, Epidemiología e Inmunología Ecológica). 

Un diálogo cordial entre ambas permitiría que presentáramos los argumentos, y – sobre todo – la evidencia que los sustenta, que nos llevan a tener una postura diferente sobre ómicron y sobre el impacto que están teniendo las vacunas en reducir (o no) la severidad de COVID-19. Tal vez los argumentos que presente sean tan contundentes y sustentados, que yo me vea forzada a aceptarlos. 

Si fuera así, lo haría; de eso trata la ciencia, de cuestionarnos siempre y sobre todo, lo que consideramos que es «la verdad». Mi invitación a un diálogo abierto en TVUAQ sigue abierta. Ojalá sea tomada en cuenta la invitación. Me daría  gusto tener oportunidad de charlar con mi colega de forma civilizada.

He presentado en este espacio, de forma escrita, en seminarios y con vídeos, la teoría y la evidencia que muestra cómo 1) la vacunación está actuando como una presión selectiva que favorece a las variantes que escapan a los anticuerpos y a linfocitos T que se generan con la vacunación, dando ventaja a nuevas variantes que ya no será posible controlar con esas vacunas, 2) aunque la inmunidad natural también es una presión selectiva, al ser amplia (es decir, se genera inmunidad ante las infecciones contra muchas y diversas proteínas del virus), en comparación con la que genera la vacunación basada en el ARNm, los vectores virales y las subunidades protéicas, no hay forma de que SARS-CoV-2 evada todas las respuestas inmunes que se generan en infecciones naturales, 3) dado que la virulencia no está acoplada a la transmisión (es recomendable que se conozca la teoría evolutiva para comprender la relevancia de esto), no hay escenarios donde pueda tener mayor ventaja una variante más virulenta, al menos no de forma natural. Todo lo he explicado y ofrecido evidencia, exponiendo las referencias en las que me baso para que puedan ser consultadas.

Me resulta un poco descorazonador el que después de contar con toda la evidencia que he compartido, aún haya quienes simplemente por escuchar a alguien que dice lo contrario (sin presentar ni una evidencia científica al respecto; https://www.youtube.com/watch?v=fVGJ2ADskCg), les genere confusión y angustia. 

No me malinterpreten: la duda es esencial en la ciencia – sin ella, no habría necesidad de plantear más estudios; pero también es indispensable el cuestionarse si lo que se está escuchando está sustentado en algo que vaya más allá de la institución del ponente o su grado. 

Espero, de todo corazón, que nadie «crea» en lo que escribo porque tengo un doctorado de tal o cual universidad o porque pertenezco al Sistema Nacional de Investigadores, sino porque sustento lo que digo con evidencias científicas. 

Recuerden que no se trata de creer en algo o en alguien, sino de saber. Y para eso, necesitan ser críticos. No hay otra forma. De lo contrario, siempre se mantendrá vivo el miedo, y desde el miedo no hay forma de razonar.

Espero que esto que escribo les sea útil para preguntarse cuál argumento, y cuál evidencia es la que les causó angustia, y si tienen su respuesta, tal vez puedan elegir deshacerse del miedo.



* La autora es Doctora en Ecología Molecular por la Universidad de Cambridge y Profesora e Investigadora de Tiempo Completo en la Universidad Autónoma de Querétaro

Karina Acevedo Whitehouse

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